“La gimnasia artística es uno de los grandes amores de mi vida”

Por: Francisca Orellana

Aunque la pandemia la obligó por unos meses a tomar una pausa y tener que habilitar un gimnasio improvisado en su casa, la gimnasta Simona Castro está a pocas semanas de pisar por tercera vez unos Juegos Olímpicos, esta vez sin público en Tokio.

A sus 32 años, reconoce que hay ansiedad, pero también mucha preparación. Sus días transcurren durante las mañanas y las tardes en el Centro de Alto Rendimiento en Santiago, para continuar su exigente rutina y entrenamiento y llegar lo mejor preparada posible a la cita olímpica. Simona fue la primera gimnasta chilena en clasificar a unos Juegos Olímpicos, en Londres 2012. Luego participó en Brasil 2016 y ahora sus ojos están puestos en Japón.

“Hemos trabajado harto en estos últimos cinco años para competir bien por tercera vez en unas Olimpiadas. No sé si me siento una gimnasta especial por eso, pero sí me da a entender que falta mucho por desarrollar en la gimnasia local todavía para que vayan muchas más”.

“Voy tranquila y a disfrutar a concho, porque ha sido una preparación súper difícil. Hemos trabajado harto en estos últimos cinco años para competir bien por tercera vez en unas Olimpiadas. No sé si me siento una gimnasta especial por eso, pero sí me da a entender que falta mucho por desarrollar en la gimnasia local todavía para que vayan muchas más. Hoy hay mucha gente que quiere dedicarse a esta disciplina y eso es muy bueno”, comenta. De hecho, fue tan importante para su vida participar en esos primeros Juegos, que se tatuó los anillos de la cita olímpica para recordar siempre lo que es capaz de hacer con trabajo y perseverancia.

Simona le ha dedicado prácticamente toda su vida a la gimnasia. Una disciplina a la que no llegó al azar, ya que su madre y entrenadora -quien además es jueza de ese deporte-, Isabel Lazo, hacía clases y, viendo que su hija se quedaba mirando televisión en la casa después de volver del colegio, la instó a acompañarla a practicar con ella. Fueron sus primeros pasos obligados en la viga, en la paralela o suelo, hasta que encontró el gusto y fascinación por esta disciplina. A los 10 años, su madre le preguntó si quería seguir en la gimnasia o hacer otras cosas, ya que le vio habilidades innatas para dedicarse seriamente a ello, y ella le respondió que sí. Eso marcó un antes y un después, porque se fijó la meta de entrenar y superarse.

A los 12 años ganó su primera medalla en el Sudamericano Infantil en Guayaquil, y de ahí no paró. Medallas en campeonatos panamericanos y una en viga de equilibrio en los Odesur de 2014. Incluso, tras terminar el colegio con exámenes libres, recibió una beca deportiva de la Universidad de Denver, en Estados Unidos. Obtuvo su título en Administración de Negocios en medio de entrenamientos y representando a esa casa de estudios en torneos nacionales de alto nivel, donde cuenta que no se le permitía fallar por el alto nivel de competencia que había.

“Cuando era chica probé varios deportes en el colegio, hockey, basquetbol, atletismo, voleibol, pero me aburría. Me di cuenta de que la gimnasia, al tener varios aparatos, era más variada y progresiva, los ejercicios van evolucionando de más sencillo a más difícil y eso lo hace todo un desafío”.

“Cuando era chica probé varios deportes en el colegio, hockey, basquetbol, atletismo, voleibol, pero me aburría. Me di cuenta de que la gimnasia, al tener varios aparatos, era más variada y progresiva, los ejercicios van evolucionando de más sencillo a más difícil y eso lo hace todo un desafío”, cuenta.  Por eso mismo, considera que un deportista de alto rendimiento no nace como tal, sino que se hace con el esfuerzo y práctica diaria.  

“Una buena gimnasta se hace, nuestra disciplina es bastante compleja y toma bastante tiempo desarrollarla. Eso no quiere decir que no haya chicas y chicos con más talento y aptitudes para ello y que destacan por sí solos, pero creo que, en la parte competitiva, solo se gana con experiencia”.

“Una buena gimnasta se hace, nuestra disciplina es bastante compleja y toma bastante tiempo desarrollarla. Eso no quiere decir que no haya chicas y chicos con más talento y aptitudes para ello y que destacan por sí solos, pero creo que, en la parte competitiva, solo se gana con experiencia. Superar las etapas de tolerancia a la frustración, perseverancia, es algo que se va desarrollando con el tiempo. Y que tenga el hambre de mejorar y seguir creciendo, eso es lo más importante”, enfatiza.

Otro factor que influyó en poder dedicarse a la gimnasia son sus padres. “Ellos siempre han hecho o se han dedicado al deporte, mi papá hacía waterpolo y era bien competitivo. Siempre nos quiso inculcar eso a la hora de hacer alguna actividad, creo que lo más importante de ellos fue el apoyo para todo, de ser flexibles y acogedores, de apoyarme en momentos difíciles o cuando he querido bajar los brazos”.  

“Como cualquier otro deporte, la gimnasia tiene un inicio y un fin. Y lo estoy disfrutando a concho”.

Aunque cree que la gimnasia no es toda su vida, sí considera que “es uno de los grandes amores de mi vida, pero como cualquier otro deporte, tiene un inicio y un fin. Y lo estoy disfrutando a concho”.