“Estudiar el cerebro es fascinante”

Por: Francisca Orellana

“El poder saber y dilucidar el misterio de cómo esta actividad eléctrica y química del cerebro hace surgir en mí el poder ver o sentir emociones es algo fascinante. Es algo que lo sientes, pero no lo puedes tocar. Esa es una de las preguntas más maravillosas y que nadie ha podido responder aún”, dice Pedro Maldonado, neurocientífico y una eminencia en la investigación en Chile en torno al cerebro y su desarrollo.

De hecho, como sabe cómo funciona esta parte del cuerpo humano, es capaz de entender -aunque con su cuota de dificultad- el porqué del comportamiento de las personas y evitar discutir o creer que tiene la razón.

“Una de las lecciones más humanistas de la neurociencia, es que yo no tengo la razón siempre y eso me obliga a una interacción más empática con el resto”.

“Si uno toma en serio la neurociencia, se obliga a desprenderse de las verdades absolutas. Y tiendo a ser resistente frente a cualquiera que dice tener la verdad absoluta. Una de las lecciones más humanistas de la neurociencia, es que yo no tengo la razón siempre y eso me obliga a una interacción más empática con el resto, aunque es difícil”, comenta.

Biólogo, magíster en Ciencias Biológicas y doctor en Fisiología, es autor del libro «Por qué tenemos el cerebro en la cabeza». También es director del Departamento de Neurociencia y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile e investigador principal del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica (BNI) de la misma casa de estudios. Detrás de todo eso, lo cierto es que ha dedicado su vida laboral a conocer las profundidades del cerebro.  

“Con mi hermano nos gustaba armar y desarmar todo, siempre quería saber cómo funcionaba todo. (…) Mis padres nunca nos coartaron en lo que queríamos hacer”.

Hoy cuenta que, desde niño, siempre fue curioso. “Con mi hermano nos gustaba armar y desarmar todo, siempre quería saber cómo funcionaba todo. Mi padre era ingeniero eléctrico y siempre nos hizo trabajar con él. Teníamos una caseta de madera detrás de la casa que la ocupábamos para explorar. Mis padres nunca nos coartaron en lo que queríamos hacer”, afirma.

Dentro de esta curiosidad es que quería ser biólogo marino. “Me atraían mucho los delfines, sabía que eran muy inteligentes y me imaginaba trabajando, nadando con ellos en el Caribe, aunque ahora estoy con un chal con mi computador”, comenta riendo. Por sugerencia de un amigo, entró a estudiar biología para seguir luego con la especialidad de biología marina.

“(Humberto Maturana y Francisco Varela) estudiaban mucho el cerebro y la conducta, y me quedé pegado con eso porque era muy fascinante, porque eran personas con ideas muy pioneras para la época de cómo funciona el sistema nervioso. Eso me permitió tener una perspectiva diferente”.

Pero por circunstancias de la vida, le tocó trabajar con los destacados científicos y biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela. “Ellos estudiaban mucho el cerebro y la conducta, y me quedé pegado con eso porque era muy fascinante, porque eran personas con ideas muy pioneras para la época de cómo funciona el sistema nervioso. Eso me permitió tener una perspectiva diferente. Ellos dos tenían un ego gigante, pero se complementaban muy bien, porque Maturana tenía muy buenas ideas abstractas y Varela era capaz de tomar eso y aterrizarlo de forma muy rigurosa. Eso me inspiró a perseguir las ideas científicas que hasta hoy trabajo, estudiar el cerebro es fascinante”, afirma.

Un poco de suerte, un poco curiosidad  

Maldonado, que ha formado a 75 investigadores de magíster, doctorado y posdoctorado en esta área, comenta que, si bien siente que nació con la curiosidad y ganas de descubrir cosas, cree que también ha tenido mucha suerte en toparse con las personas correctas, quienes han guiado su trabajo.

“Ser curioso es algo intrínseco de nuestro cerebro, es parte de la razón de que tengamos uno. Todos nacemos con ello, y las respuestas las conseguimos de distintos lugares”.

“Ser curioso es algo intrínseco de nuestro cerebro, es parte de la razón de que tengamos uno. Todos nacemos con ello, y las respuestas las conseguimos de distintos lugares, desde otra región, desde el esoterismo, desde la ciencia, cada uno busca respuestas para conocer el mundo”, indica.

Se nace así, dice, porque nuestro cerebro tiene que construir un modelo mental del mundo, con ideas políticas y emociones que son construcciones mentales. “De eso, la neurociencia ha mostrado harta evidencia ya de buscar explicaciones motivadas con la curiosidad. Es una parte con la que todos nacemos, aunque hay algunos que la vayan matando en el camino, y se va matando nuestra curiosidad por certezas”, afirma.

Por otro lado, considera que también ha tenido suerte para poder especializarse en el tema. “Hice mi doctorado en la Universidad de Pensilvania, donde me tocó hacer la tesis con George Gerstein, pionero al ser uno de los primeros en pensar que las neuronas del cerebro trabajaban juntas. Antes se pensaba que cada una tenía un rol particular, entonces desde muy temprano pude meterme en esa perspectiva”, relata. Lo mismo, dice, le ocurrió al hacer su posdoctorado en la Universidad de California, donde trabajó con Charles Gray, quien describió una nueva manera de funcionar del cerebro.

“Todas esas combinaciones fueron positivas para cuando volví a Chile en 1998 a hacer proyectos de investigación, ya que he tenido la oportunidad de trabajar con gente que ha estado en la frontera de las teorías modernas sobre el sistema nervioso”, detalla.

Traspasar la posta

Hoy se conoce solo el 10% de las funciones del cerebro, por lo que aún quedan muchos temas pendientes, afirma Maldonado. No obstante, cree que lo que se viene ahora es saber si se pueden construir cerebros artificiales, debido al alto uso de tecnologías y máquinas en la vida cotidiana, lo que se entremezcla con la necesidad de formar mayor capital humano en esta área.

“El futuro de la humanidad es determinar si vamos a seguir siendo humanos, y cómo haremos el entendimiento con los robots y celulares. Yo creo que sí, pero hay que pensar en los límites porque la investigación está cruda, hay que entender cómo funciona el cerebro y esa pega aún no la hemos hecho”, detalla. Tanto es su interés, que tiene planeado escribir un libro sobre el tema.

Por otro lado, tiene el desafío de formar equipos de trabajo. “Uno tiene que pasarles la posta, reforzarlos. Es importante hacerlo, ya que uno debe ir completando ciclos”, afirma, indicando que, si bien le gustaría trabajar hasta sus últimos días, hay que dar espacio a los nuevos investigadores en beneficio de la ciencia. “Hay muchos colegas que salen con los pies por delante del laboratorio, considero que hay que darles espacio a los más jóvenes para motivar también a una mayor inversión en esta área”, afirma.

“El futuro de la humanidad es determinar si vamos a seguir siendo humanos, y cómo haremos el entendimiento con los robots y celulares. Yo creo que sí, pero hay que pensar en los límites porque la investigación está cruda, hay que entender cómo funciona el cerebro y esa pega aún no la hemos hecho”.