“El arte crea nuevas vías cerebrales que los cerebros no artistas no pueden desarrollar”

Por: Airam Fernández

La relación entre arte y cerebro se estudia desde hace muchos años. Numerosos científicos y centros de investigación de gran prestigio mundial dedican enormes esfuerzos a ello y han probado cuán beneficiosa puede ser esta actividad humana y todas sus disciplinas en el funcionamiento cerebral. Uno de ellos es Luis Fornazzari, neurosiquiatra y consultor neurólogo de la Clínica de la Memoria y del Programa de Geriatría Psiquiátrica del Hospital St. Michael de Canadá.

Su trabajo clínico y de investigación está dedicado a enfermedades neurodegenerativas del sistema nervioso central, principalmente demencias. Y en las últimas dos décadas se ha dedicado a estudiar artistas, desde el punto de vista cognitivo-conductual, para entender cómo las vías cerebrales que conducen su arte están protegidas de las enfermedades neurológicas y, al mismo tiempo, confieren reserva cerebral.

Así llegó a estudiar el caso de Roser Bru, la artista española-chilena que falleció en Santiago el 26 de mayo de 2021, a los 98 años, y que pudo seguir dedicada a su obra casi hasta el día de su muerte, a pesar de haber sufrido cuatro accidentes cerebrovasculares que le dificultaron la coordinación, el balance e, incluso, la fuerza, pero que no le impidieron pintar.

Los inicios

Todo partió con el caso de un músico. Fornazzari cuenta que su inspiración para profundizar en esta línea llegó hace 20 años, cuando el laureado director y pianista Mario Bernardi -fallecido en 2013- llegó al hospital con lo que se sospechaba era un cuadro de demencia.

“Tres días antes de examinarlo (al director y pianista Mario Bernardi) había dirigido la ópera Così fan tutte, que es la más difícil de las obras según los expertos. Su esposa nos contó que ese domingo había dirigido como nunca, con un desempeño impecable. Pero el miércoles siguiente le diagnosticamos demencia”.

“Tres días antes de examinarlo había dirigido la ópera Così fan tutte, que es la más difícil de las obras según los expertos. Su esposa nos contó que ese domingo había dirigido como nunca, con un desempeño impecable. Pero el miércoles siguiente le diagnosticamos demencia. Estábamos impresionados, no lo podíamos creer”, recuerda sobre sus inicios de este tipo de estudio.

Después de Bernardi ha examinado y estudiado a pintores, actores, bailarines, escultores y músicos en condiciones similares, que desarrollan enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o accidentes cerebrovasculares. Y la conclusión siempre es la misma: mientras todas las funciones cerebrales del día a día se deterioran, las funciones artísticas permanecen casi intactas hasta los últimos días.

Cerebro y pintura

A Bru, que empezó a pintar a muy temprana edad, solo pudo examinarla presencialmente dos veces en Santiago. Pero estudió todas sus imágenes, las que sugerían que había daño no solo en el área donde estaban los infartos cerebrales, sino también entre otras conexiones.

“Para alguien que no hubiese desarrollado el talento que ella desarrolló, recuperarse de algo así habría sido imposible”, explica el especialista. Y añade que gracias a esa inteligencia artística pudo sobrevivir y enfrentar todas sus terapias de rehabilitación, incluso una depresión tras una lesión en la cadera. Y aunque no recuperó muchas funciones, la de la pintura no sufrió daños.

“El hecho de practicar arte mantiene al cerebro con una estimulación prácticamente constante”.

¿Cómo es esto posible? Fornazzari vuelve al caso del primer músico que estudió, porque aplica para el resto: “El arte crea nuevas vías neuronales. Imagina a ese pianista, que en sus inicios practicaba cuatro horas diarias de piano. Ahí no solo está mirando símbolos y signos musicales, está transformándolos en eventos cerebrales que se exteriorizan como respuesta en melodía, en tono, en timbre y destreza motora. Entonces, el hecho de practicar este arte mantiene al cerebro con una estimulación prácticamente constante, creando nuevas vías cerebrales que los cerebros no artistas no pueden desarrollar, y que son muy útiles ante cualquier evento neurodegerativo”.

Lo que pasó en el caso de Bernardi, en el de Bru y en el de tantos otros es que, ante el deterioro, las áreas cerebrales que entrenaron durante toda su vida les respondieron cuando más las necesitaron.

Actualmente, Fornazzari está por publicar un estudio que incluye el caso de una pintora muy famosa, diestra y de 54 años. Desarrolló un tumor de sustancia blanca cerebral, diferente a los malignos, pero le produjo algunos trastornos neurológicos y afectó áreas de movimiento, causándole una parálisis total en su lado derecho. Lo impresionante, cuenta el investigador, es que frente a los compromisos que tenía de entregar obras, ella se desesperó porque dejó de tener el control de su pincel. Pero en diez días fue capaz de empezar a usarlo de nuevo, aunque con su mano izquierda, y así empezó a experimentar mezclando colores. A las tres semanas ya estaba pintando de nuevo, con la misma destreza que cuando usaba la mano derecha.

“En nuestro equipo tenemos evaluadores de arte y para ellos fue muy difícil reconocer cuál obra había pintado antes del tumor, con la mano derecha, y cuál pintó recién, con la izquierda. Sí vieron cambios, pero estos no inciden ni en el talento, ni en la creatividad, ni en la técnica”, explica.

Escuelas de arte

En todas sus conferencias, Fornazzari cierra con la misma frase: “Todas las escuelas deberían ser escuelas de arte”.

“Estamos demostrando que la pintura, la escultura, la música, la escritura, la danza y cualquier manifestación artística favorecen al cerebro porque crean otras vías, mejoran la comprensión, la atención y la memoria”.

Lo dice sobre la base de lo que han probado sus estudios y los de otros grupos de investigación, igual de relevantes. “Estamos demostrando que la pintura, la escultura, la música, la escritura, la danza y cualquier manifestación artística favorecen al cerebro porque crean otras vías, mejoran la comprensión, la atención y la memoria y ante esto, es más que evidente que no debiese existir la discordancia entre las artes y otras áreas”, señala.

“Está más que comprobado que a los chicos y chicas que aprenden arte desde temprano -lo que sea, al menos una noción- les va muchísimo mejor en todas las otras áreas del conocimiento”.

Lo que plantea es que el arte debería tener la misma importancia que la biología o las matemáticas en las escuelas, porque “está más que comprobado que a los chicos y chicas que aprenden arte desde temprano -lo que sea, al menos una noción- les va muchísimo mejor en todas las otras áreas del conocimiento”. Es decir que desarrollar varias inteligencias o talentos e incluir el arte en ello, será beneficioso desde el principio de la vida, hasta los últimos días.