Cuatro interrogantes clave en torno a la inteligencia y su diversidad

Por: Airam Fernández

El planteamiento de Gardner ha resultado útil en el ámbito educativo para entender ciertos comportamientos y guiar el desarrollo cognitivo, señala Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infanto-juvenil y especialista en neurociencias aplicadas a la educación.

Para Pablo Moya, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la U. de Valparaíso, referirse a las inteligencias múltiples como tal sería caer un “neuromito”, es decir, en una mala interpretación de algunos hechos establecidos dentro de la investigación del cerebro.

No todos los seres humanos son naturalmente hábiles para el desempeño de alguna actividad. Algunos son muy destacados en los deportes, o tienen grandes habilidades numéricas, o una gran coordinación corporal, mientras que hay otros que tienen “dos pies izquierdos” y por más que lo intenten creen que nunca aprenderán a bailar, por lo que prefieren brillar en otras áreas.

Esa diversidad de talentos fue abordada hace casi cuarenta años por Howard Gardner, psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, cuando planteó la existencia de al menos ocho inteligencias, a las que bautizó como “múltiples”. Según Gardner, cada una de ellas son las responsables de las diferentes habilidades y fortalezas mentales que poseen las personas, sobre todo en el ámbito laboral, por lo que es importante conocerlas e identificarlas desde las primeras etapas escolares, para fomentar un desarrollo cognitivo más eficaz.

A pesar de lo disruptivo que pudiera sonar un planteamiento como ese en la década de los 80, con el tiempo se ha ganado el apoyo y la curiosidad de buena parte de la comunidad científica, pero también ha sumado un gran número de detractores, quienes acusan la falta de evidencia para comprobar sus postulados. Pero más allá de la controversia generada sobre si existen varias inteligencias o una sola inteligencia general, ha despertado un gran entusiasmo en una parte importante del mundo de la educación, e incluso ha sido la guía para intentar cambiar modelos en escuelas de países como Canadá y Estados Unidos.

“No es que uno traslade el concepto de inteligencia clásico a otras habilidades; simplemente es reconocer que la diversidad de nuestras habilidades cerebrales nos permite resolver uno o varios tipos de problemas”, explica Pedro Maldonado, investigador del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.

Hablamos con varios expertos y nos contaron algunos aspectos clave a tener en cuenta para entender este planteamiento que, en parte, es un reflejo de cómo puede llegar a funcionar el cerebro humano.

¿Es una teoría?

Gardner lo planteó así, pero en la academia el consenso apunta a hablar de ella no como una teoría, sino más bien como una idea. “Dentro de la construcción del conocimiento científico, uno tiene ideas que se transforman en hipótesis, las que se testean para validarlas o refutarlas. Y a medida que se empieza a obtener evidencia de manera sistemática y consistente a favor de esta hipótesis, se construye una teoría, como por ejemplo, la de la gravedad. Pero este no es el caso, porque la evidencia no la soporta”, explica Pablo Moya, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso. A su juicio, referirse a las inteligencias múltiples como tal sería caer un “neuromito”, es decir, en una mala interpretación de algunos hechos establecidos dentro de la investigación del cerebro.

Sin perjuicio de ello, el planteamiento de Gardner ha resultado útil en el ámbito educativo para entender ciertos comportamientos y guiar el desarrollo cognitivo, señala Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infanto-juvenil, especialista en neurociencias aplicadas a la educación y presidenta de la Fundación Educacional Amanda. Y aunque no está de acuerdo en calificarla como “neuromito”, sí tiene ciertos reparos con la manera en que hoy la trabajan en los países de habla hispana: “Nunca me gustó la traducción al español, porque el término múltiples no encaja muy bien en este contexto. Creo que habría sido más correcto hablar de diversas inteligencias, apelando a la diversidad biológica”.

¿Choca con la definición clásica de inteligencia?

Pedro Maldonado, investigador del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica que el concepto de inteligencia ha ido evolucionando con el quehacer humano y por mucho tiempo se definió como la habilidad para resolver problemas de índole cognitiva compleja. “Es decir, racionalizar, resolver problemas espaciales o matemáticos”, precisa. Pero más recientemente se ha ido asociando a la idea general de la habilidad de “resolver problemas”, sin más.

“Esto es porque los problemas no son sólo matemáticos, espaciales o cognitivos, sino sociales, artísticos, emocionales. Por lo tanto, se ha extendido la idea de inteligencia a la habilidad general de resolver problemas de diversa índole. Y no es que uno traslade el concepto de inteligencia clásico a otras habilidades; simplemente es reconocer que la diversidad de nuestras habilidades cerebrales nos permite resolver uno o varios tipos de problemas”, explica.

¿Cuántas habilidades o inteligencias existen?

Amanda Céspedes relata que cuando Gardner planteó la existencia de las múltiples inteligencias, lo hizo tras participar en la elaboración de una de las reformas educativas más importantes de Estados Unidos.

“Así como hay personas altas, bajas, flacas, gordas, de distinto color de piel, también nuestro cerebro es diferente. Por lo tanto, las personas tienen pequeñas diferencias acerca de aquellas cosas que pueden resolver con su cerebro y lo que ocurra con él, en cada caso, es distinto”, dice Pedro Maldonado.

“En aquella época dijo que el error más grande que cometía el sistema educativo de su país era considerar que los niños tenían solamente dos inteligencias, las clásicas del sistema escolar: la lingüística y la lógico-matemática. Pero para él, el cerebro humano desplegaba numerosas inteligencias”, recuerda la especialista.

A esas dos, Gardner añadió la inteligencia corporal-kinestésica (predominante en deportistas, bailarines y acróbatas); la visual-espacial (predominante en pintores, escultores, arquitectos y fotógrafos); la musical (predominante en músicos, intérpretes y compositores); la interpersonal (predominante en personas muy sociables y líderes); la intrapersonal (predominante en personas reflexivas, con vida interior y gran personalidad); y la naturalista (predominante en biólogos o personas en simbiosis el ambiente).

Pero Céspedes cree que el cerebro humano tiene una cantidad “muy superior a la decena de habilidades que conforman lo que pudiéramos llamar inteligencias o talentos”. Como la inteligencia fenicia, que se atribuye a la habilidad de los hombres y mujeres de negocios, y que se complementan con planteamientos de otros autores como Raymond Cattell y los conceptos de inteligencia fluida (cuando una persona puede usar capacidades para resolver problemas novedosos sin ningún conocimiento previo) e inteligencia cristalizada (referida a la amplitud o profundidad de los conocimientos adquiridos de una persona, es decir, que no son innatos).

Si hay inteligencias múltiples o diversas, ¿qué le pasa al cerebro cuando funcionan juntas?

Céspedes sostiene que es muy raro que en una persona se dé sólo una inteligencia “muy desarrollada”, y que por lo general se dan dos o tres “que interactúan y se potencian una a la otra”. Cuando esto ocurre, cuenta que se produce algo conocido como fenómeno de altas capacidades.

Para Maldonado, quizás lo más importante que hay que entender sobre este tema es que el cerebro, como cualquier otro órgano del cuerpo, representa una diversidad biológica importante. “Así como hay personas altas, bajas, flacas, gordas, de distinto color de piel, también nuestro cerebro es diferente. Por lo tanto, las personas tienen pequeñas diferencias acerca de aquellas cosas que pueden resolver con su cerebro y lo que ocurra con él, en cada caso, es distinto”, dice.

Además, señala que esa diversidad depende del entrenamiento y de la experiencia, y que buena parte de lo que pueda hacer “depende en gran parte de cómo lo entrenemos y cuáles son las experiencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida”.