“Desde niño fui súper nerd”

Por: Airam Fernández

El avance de la Inteligencia Artificial (IA) en Chile es reciente. De hecho, nuestro país es uno de los más atrasados a nivel mundial en la adopción de habilidades de IA en el mercado laboral, de acuerdo al AI Index Report 2019 de la Universidad de Stanford, que lo situó en el antepenúltimo puesto de una lista de 28 naciones analizadas.

Pero en 2016, cuando poco o nada se hablaba de esta tecnología en suelo local, Cristián López, CEO y fundador de la empresa Unitti, ya estaba creando su primer robot.

López ha recorrido un largo camino en la industria tecnológica local. Desde 2010 trabaja con cloud computing y cuenta que, de a poco, fue detectando que los robots y otros temas asociados a la IA se volvían tendencia en Estados Unidos. Entonces se le ocurrió trabajar en algo propio y le dio vida a Artu, un robot que era capaz de entender la voz de las personas, comprender un sentimiento o algo que le transmitieran, podía identificar objetos, transformar voz en texto y, además, tenía un chatbot integrado con el que se podía interactuar automáticamente.

Pensando en resolver problemas de la industria de seguros, partió a presentarlo a México, Colombia, Perú y Argentina, tratando de que se entendiera el infinito mundo de posibilidades que habilitaba la IA, los modelos predictivos y el Machine Learning. Y aunque no salió del todo bien, sirvió para abrir camino a lo que vendría después y para entender que se lanzó “muy pronto” a un mercado que estaba mirando a otro lugar.

“Era como hablar de Netflix en los tiempos de Blockbuster”, recuerda.

López supo que quería dedicarse a la tecnología desde que era un niño. El programa Teleduc, que transmitía Canal 13, fue su guía e inspiración.

“(Teleduc) era como el YouTube del momento. Recuerdo que una vez el presentador mostró un disquete y dijo que servía para guardar información. Yo quedé muy impresionado, no entendía cómo era posible eso. Así empezó todo, en tercero básico, con ocho años, y una curiosidad que ya era irreversible”.

“Era como el YouTube del momento. Recuerdo que una vez el presentador mostró un disquete y dijo que servía para guardar información. Yo quedé muy impresionado, no entendía cómo era posible eso. Así empezó todo, en tercero básico, con ocho años, y una curiosidad que ya era irreversible”, cuenta.

El robot Artu estuvo listo en tres meses, y lo desarrolló solo, como ha hecho con tantas ideas con las que se ha obsesionado en su vida. La programación fue una de ellas. Para aprender, únicamente tuvo la ayuda del manual que venía en la caja de un computador Atari 65XE que le compraron sus padres cuando tenía 11 años, después de mucho insistirles.

“Aprendí a programar. De mis amigos, era el único interesado en esto, y la verdad es que nadie me entendía”.

Entonces vivía en una pequeña isla en el sur del país, nadie en su familia tenía esta inteligencia que a él se le despertó por un programa de televisión y los niños en su entorno tenían pocas opciones para recrearse al salir de la escuela: pescar y jugar fútbol. “Yo hacía esas dos cosas, pero agregué una tercera y aprendí a programar. De mis amigos, era el único interesado en esto, y la verdad es que nadie me entendía. Así que, desde niño, en ese sentido fui súper nerd, pero con mucho orgullo de serlo”.

Su llegada a Primero Medio coincidió con la mudanza de su familia a la ciudad de Valparaíso. López sabía que existían colegios técnicos y les pidió a sus padres que le buscaran uno. Entró a estudiar a un lugar especializado en programación y ahí pulió sus habilidades. Después estudió Ingeniería Civil Informática y realizó un Magíster en Tecnología, y desde entonces se ha dedicado a trabajar en la industria implementando plataformas cloud y desarrollando proyectos de software. Ha creado tres empresas: la más reciente es Unitti, que ofrece servicios a compañías de toda Latinoamérica con foco en cloud computing y ciberseguridad.

Sobre las habilidades que se necesitan para trabajar en esta industria, dice que no hay una receta y que cada caso o motivación es distinto.

“Lo que ha jugado a mi favor es la obsesión. Soy súper obsesivo, y cuando necesito aprender o desarrollar algo, me apoyo en esa obsesión para alcanzarlo”.

“Lo que ha jugado a mi favor es la obsesión. Soy súper obsesivo, y cuando necesito aprender o desarrollar algo, me apoyo en esa obsesión para alcanzarlo”, dice. Otra cosa clave es el gusto por la creación. “Cuando construyes algo desde cero y funciona, si no tienes esa sensación de absoluta satisfacción, creo que es muy difícil que tengas una carrera exitosa en tecnología”, añade. La creatividad también es fundamental, dice, y el “pensar que siempre puedes crear algo para resolver un problema”. Después están las características más duras: “Si no eres estructurado, metódico, analítico, perseverante y paciente, probablemente tengas otras fortalezas que serán adecuadas para otro rol”.

“Si no eres estructurado, metódico, analítico, perseverante y paciente, probablemente tengas otras fortalezas que serán adecuadas para otro rol”.