El agua es el hilo conductor de mi vida

Por: Airam Fernández

Toda su vida ha estado ligada a la natación. Primero en piscina, después en aguas abiertas y ahora en aguas gélidas, donde ha marcado récords y alcanzado grandes hitos. Sus primeras brazadas las dio en la piscina escolar de la Universidad de Chile, a los siete años. A sus 34 se prepara para cruzar el canal de Molokai, en Hawaii.

“Imaginen a una nadadora que gana todas las medallas, que siempre ha sido la más popular, la más rápida, que fue buena para esto desde muy chica… Bueno, esa no era yo. Ahora imagínense a esta otra: la niña a la que le gustaba el agua, a la que le encantaba ir a la playa y entrar al mar sin importarle cuán frío estuviera, la que quería saltar las olas con su papá, la que soñaba con ser La Sirenita, por la película de Disney, la que venía de una familia que no tenía dinero para comprarle los trajes de baño para poder competir. Esa era yo”.

Con un discurso como ese parten las charlas motivacionales de Bárbara Hernández, nadadora y campeona mundial de aguas gélidas, quien, a partir de sus hazañas desafiando las bajas temperaturas, ahora también es conferencista. 

“No es talento, es mi amor por el agua y mi determinación para superar desafíos. Eso es lo que me define y lo que me hace diferente”.

Antes estudió psicología, sacó un magíster, trabajó haciendo clínica, fue directora de deportes en la comuna de Recoleta y aunque siempre se movió entre las aguas de su profesión y las de su verdadera pasión, llegó un momento en el que tuvo que decidir dónde apostar todas las fichas. “Tenía el apoyo, las ganas, la determinación. Solo me faltaba tiempo para entrenar mejor, prepararme y trabajar para tener una mayor exposición internacional”, cuenta.

En 2014 recibió una invitación para participar en el Winter Swimming, una competencia internacional de nado en aguas gélidas que se haría en el glaciar Perito Moreno, en la Patagonia argentina. En 2020 sumó otro hito a su ya destacada carrera deportiva, y con 34 años se convirtió en la primera mujer en cruzar a nado el imponente Lago Chungará, a 4.560 metros de altura sobre el nivel del mar y con temperaturas que rondan entre los -2°C hasta los 12°C. Ahora se prepara para cruzar el canal de Molokai, en Hawaii, que tiene aguas más cálidas, pero donde también nadan tiburones. Eso le aterra y le entusiasma en iguales proporciones.

Reconoce que ninguna de esas oportunidades llegó por puro talento o por habilidades innatas. Y aunque nada desde los siete años porque sus padres quisieron que aprovechara de alguna manera su amor por el agua, está convencida de que la perseverancia es lo que la trajo hasta donde está hoy.

“Fue muy duro entender que tu mejor esfuerzo a veces no necesariamente te llevará adonde quieres estar. Yo no era la más rápida y por más que entrenara era difícil mejorar eso”.

“Yo vengo de una familia de mucho esfuerzo, y hasta hoy agradezco infinitamente que mis padres me dieran la oportunidad de escoger un deporte, que me permitieran desarrollarme dentro de la natación y que me brindaran la oportunidad de ir a la universidad. Ellos no vieron talento, vieron una pasión que si se desarrollaba podría ser beneficiosa para mí. Y es lo mismo que ve mi entrenador hasta el día de hoy: no es talento, es mi amor por el agua y mi determinación para superar desafíos. Eso es lo que me define y lo que me hace diferente”, cuenta.

Ya más grande, se dio cuenta de que, si quería lograr algo, tenía que salir de la piscina. “Ahí jamás iba a ser la nadadora que a mí me hubiera encantado: la que ganaba medallas o la que era seleccionada nacional. Fue muy duro entender eso tan chica, entender que tu mejor esfuerzo a veces no necesariamente te llevará adonde quieres estar. Yo no era la más rápida y por más que entrenara era difícil mejorar eso”, recuerda. Y añade: “Pero siempre tuve un sueño: nadar en estrechos y canales como nuestro nadador pionero, el Tiburón Contreras. Y me asaltaban las dudas: ¿Podré nadar en temperaturas tan frías? ¿Podré llegar a ser la primera chilena en cruzar a nado el Canal de la Mancha? ¿Será posible?”. 

Esas preguntas se las hacía cuando tenía 17 años. Finalmente, en 2019 pudo responderlas, cuando atravesó el canal de la Mancha, entre Francia e Inglaterra. Después se convirtió en la primera persona en cruzar el canal Beagle en su longitud total, desde Ushuaia hasta isla Navarino.

“Yo me entreno física y mentalmente para cada nado porque no es nadar y ya: es exponerse hasta 12 horas en el medio de la nada, en un océano infinito, con animales, con vida marina, con hielo, glaciares. Los paisajes son bellísimos, pero llegar ahí cuesta sangre, sudor y lágrimas”.

Hernández no imagina cómo sería su vida de no haberse propuesto cumplir sus sueños: “No sé cómo sería, porque el agua para mí es hogar, es el hilo conductor de mi vida”

Y aunque dice que las ganas y la perseverancia son cualidades determinantes para destacar en un deporte extremo como este, reconoce que hay algo igual de importante: la preparación: “Hay una parte médica que es fundamental. Esto no consiste en que yo voy y me tiro de cabeza en el hielo porque es entretenido o porque hay adrenalina”. Detrás hay un equipo profesional que se asegura de que efectivamente pueda realizar estos desafíos y salir viva, porque lo que está en juego no es una medalla, es su vida.

“Jamás me imaginé estar nadando en hielo, lo veía como una locura. Pero la vida te puede sorprender”.

“Yo me entreno física y mentalmente para cada nado porque no es nadar y ya: es exponerse hasta 12 horas en el medio de la nada, en un océano infinito, con animales, con vida marina, con hielo, glaciares. Los paisajes son bellísimos, pero llegar ahí cuesta sangre, sudor y lágrimas. Y si algo he aprendido nadando es que en la vida muchas cosas pueden ser difíciles, pero no imposibles”, relata. En eso, su formación como psicóloga también es una pieza fundamental.

Pese a que asegura que hoy es la nadadora con la que soñaba en convertirse a los 15 años, constantemente reflexiona sobre su recorrido y lo repasa con asombro. Primero, porque cree que las probabilidades eran muy bajas para una niña como ella, sin talento aparente y viniendo de una familia con recursos limitados. Y segundo, porque, aunque no lo parezca, es una persona muy friolenta: “Por eso jamás me imaginé estar nadando en hielo, lo veía como una locura. Pero la vida te puede sorprender”.